Nutrición

Lácteos sin lactosa ¿Porqué y para quien?

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La lactosa es el azúcar de la leche. Se forma a partir de la unión de 2 moléculas: glucosa y galactosa, las que solo pueden ser absorbidas en su forma libre, es decir, el cuerpo necesita romper a la lactosa mediante la acción de ciertas enzimas, para liberarlas y así sean absorbidas a nivel intestinal.

¿Cómo se produce la intolerancia a la lactosa?

Al momento de tomar leche- o un producto lácteo- la lactosa pasa por los distintos segmentos del tracto digestivo hasta llegar al intestino que es donde se digiere. En la mucosa intestinal tenemos una enzima denominada “lactasa” la que está encargada de romper a la lactosa, para liberar a las 2 moléculas que la conforman, y así se puedan absorber.

La intolerancia a la lactosa se produce cuando esta enzima está ausente o su acción es insuficiente. Por lo tanto, la lactosa permanece en el colon sin ser digerida y en consecuencia, sus componentes sin ser absorbidos.  Al permanecer en el colon, la lactosa es fermentada por la flora bacteriana, esto atrae agua y electrolitos provocando diarrea y otras molestias como dolor abdominal, hinchazón, entre otros.

La intolerancia a la lactosa puede ser secundaria a alguna enfermedad o situación que altere la mucosa intestinal y la concentración o acción de la enzima “lactasa” (como por ejemplo gastroenteritis, uso de antibióticos, entre otros), pero la forma más común es genética y puede darse de manera temprana o tardía en la adultez, ya que la enzima disminuye a lo largo de la vida, esto puede traducirse en intolerancia o no.

DATO HISTÓRICO: La prevalencia de intolerancia a la lactosa es distinta según los distintos grupos étnicos, explicado probablemente por las costumbres alimentarias de los pueblos originarios. Es decir, aquellas poblaciones que históricamente han utilizado lácteos en su dieta presentan mejor tolerancia a la lactosa.  Por el contrario, las poblaciones con mayor número de personas con intolerancia a la lactosa son aquellas en que históricamente los lácteos no han sido fuente importante en su alimentación, como por ejemplo las poblaciones asiáticas, algunas tribus africanas, afroamericanos y sudamericanos. En Chile, se estima una alta incidencia de intolerancia a la lactosa. 

¿Cómo saber si tengo intolerancia a la lactosa?

Lo principal es identificar si tienes alguna sintomatología (diarrea, hinchazón, meteorismo u otros) posterior al consumo de leche y/o algunos derivados lácteos.

El clásico método para diagnosticarla es la “dieta de exclusión” que consiste simplemente en eliminar todos los lácteos de la alimentación durante un tiempo determinado para observar si se detienen los síntomas y luego volver a reincorporarlos para comparar si la sintomatología reaparece. Si reaparece,  es probable que efectivamente seas intolerante a la lactosa.

También existen otros métodos diagnósticos, tal como el test de hidrógeno en aire espirado, que mide algunos gases derivados de la fermentación de la lactosa que pasan desde la sangre al aire que espiramos o algunas biopsias intestinales.

Es importante destacar que el grado de severidad y tipo de sintomatología varía entre las personas, hay quienes presentan un acción de la enzima muy disminuida y otros en que esta es más leve. Por lo tanto, algunas personas toleran productos con menor contenido de lactosa y otros no toleran nada.

¿Qué hacer si tengo intolerancia a la lactosa?

Eliminar y/o disminuir los alimentos que contengan lactosa y/o las preparaciones que los contengan (helados, postres lácteos, chocolates con leche, salsas en base a leche, etc).

Dependiendo del grado de intolerancia será necesario eliminar todos los productos lácteos que contengan lactosa o seleccionar aquellos que la contengan en menor concentración. Esto dependerá del procesamiento al que son sometidos como parte de su fabricación, por ejemplo, la leche presenta mayor cantidad de lactosa ya que no ha sido sometido a un mayor tratamiento que varíe su contenido, distinto es el caso de los yogures y/o quesos, ya que, como parte de su procesamiento, se le adicionan ciertas cepas bacterianas que transforman la lactosa en ácido láctico, por lo que su contenido siempre será menor en comparación con la leche.

Menor contenido aún tendría la mantequilla, ya que esta forma parte del componente graso de la leche, no así del suero de donde es parte la lactosa.

Es importante también leer con detención la lista de ingredientes de otros productos en su etiquetado nutricional, para ver si existe alguna fuente de lácteos oculta. Además, destaquemos que un alimento libre de lactosa no significa que se le extraiga la lactosa (con lo que muchos podrían concluir que aportarían menos calorías por no contener el “azúcar de la leche”). No es así, a estos productos se les adiciona la enzima lactasa para que digiera la lactosa que contiene, por lo que contienen la misma cantidad de azúcar, pero en su forma digerida. Esto incluso podría aumentar su índice glicémico.

También existe la opción de ingerir preparados farmacéuticos que contienen la enzima lactasa, lo que permite consumir libremente alimentos con lactosa, ya que la enzima involucrada es repuesta.

Por lo tanto, si notas alguna molestia posterior al consumo de leche o algún lácteo, intenta buscar la mejor manera para identificar si esto responde al consumo de lácteos, si es así, analiza el grado de intolerancia que tienes e intenta identificar que tipo de lácteos toleras y cuales no. Así, puedes planificar tu alimentación de una manera en que no te provoque molestias.

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